Hoy celebramos el Día Mundial del Teatro con este mensaje extraordinario del actor y director Willem Dafoe, actual Director Artístico de la Bienal de Teatro de Venecia. Entre muchas otras cosas nos anima a disfrutar del teatro y de las artes escénicas como «acto de resistencia» ante la desconexión digital. Nada, dice, puede sustituir el asombro de una luz que se enciende, un actor que respira frente a nosotros y esa comunidad espontánea que se crea en cada función. Sus palabras son una llamada a proteger el teatro como ese espacio único de verdad y conexión humana que ninguna pantalla puede replicar.¡Feliz Día Mundial del Teatro! Os invitamos a leerlo, compartirlo y, sobre todo, a seguir llenando los teatros.
Mensaje del Día Mundial del Teatro 2026
Por Willem DAFOE Actor. Director Artístico de la Bienal de Teatro de Venecia
Soy un actor conocido principalmente como actor de cine. Pero mis raíces están profundamente en el teatro. Fui miembro del Wooster Group desde 1977 hasta 2003, creando e interpretando piezas originales en The Performing Garage en Nueva York y de gira por todo el mundo. También he trabajado con Richard Foreman, Robert Wilson y Romeo Castellucci. Ahora soy el Director Artístico de la Bienal de Teatro de Venecia. Este nombramiento, los acontecimientos en el mundo y mi deseo de regresar al trabajo teatral han reforzado profundamente mi creencia en el poder positivo único del teatro y su importancia. En los humildes comienzos de mi etapa en The Wooster Group, la compañía teatral con sede en Nueva York, a menudo teníamos muy poco público en algunas de nuestras funciones. Muchas veces la regla era que, si había más intérpretes que espectadores, podíamos decidir cancelar. Pero nunca lo hicimos. Muchos de los miembros de la compañía no estaban formados en teatro, sino que provenían de distintas disciplinas y se reunían para hacer teatro; por eso, “el espectáculo debe continuar” no era realmente nuestro lema y, sin embargo, sentíamos la obligación de mantener nuestro encuentro con el público. También ensayábamos a menudo durante el día y por la noche mostrábamos el material como un trabajo en proceso. A veces pasábamos años trabajando en un espectáculo, manteniéndonos gracias a las giras de producciones anteriores. Trabajar durante años en una pieza a menudo se volvía tedioso para mí, y encontraba los ensayos algo difíciles, pero estas presentaciones de trabajos en proceso siempre eran emocionantes, incluso si el reducido público era un juicio contundente sobre el nivel de interés que despertaba lo que estábamos haciendo.
Esto me hizo comprender que, sin importar cuántas personas haya, el público como testigo es lo que da sentido y vida al teatro. Como dice el cartel en una sala de apuestas: “DEBES ESTAR PRESENTE PARA GANAR”. La experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que puede estar estructurado y diseñado pero que siempre es diferente, es sin duda la gran fortaleza del teatro. Social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo. El “elefante en la habitación” son las nuevas tecnologías y las redes sociales, que prometen conexión pero aparentemente han fragmentado y aislado a las personas entre sí. Yo uso el ordenador a diario, aunque no tenga redes sociales; incluso me he buscado en Google como actor y también he consultado la inteligencia artificial para obtener información. Pero hay que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos. Aunque cierta tecnología puede servirnos bien, el problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de la verdad y de la realidad. Aunque internet puede plantear preguntas, muy pocas veces logra captar ese sentido de asombro que crea el teatro. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta.
Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder del teatro. En un mundo que parece volverse más fragmentado, controlador y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar la corrupción del teatro como una empresa meramente comercial dedicada al entretenimiento por distracción, o como un mero instrumento institucional para conservar tradiciones; en cambio debemos fomentar su capacidad para conectar a personas, comunidades y culturas, y sobre todo para cuestionar hacia dónde vamos… El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y en animarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos. Somos animales sociales y estamos biológicamente diseñados para relacionarnos con el mundo. Cada órgano sensorial es una puerta de entrada al encuentro, y a través de este encuentro logramos una mayor definición de quiénes somos. A través de la narración, la estética, el lenguaje, el movimiento y la escenografía, el teatro como forma de arte total puede hacernos ver lo que fue, lo que es y lo que nuestro mundo podría ser.


